“¿Ese es tu colegio?”, dijo mi primo de siete años, señalando el edificio central de la Suramericana. Lo miré, sonriendo: “Sí, ese es mi colegio, Santi”. A él le parecía que si uno tenía que salir todos los días para un mismo edificio, vestido de “uniforme”, tenía que ser un colegio. Veinte años después, entiendo la profundidad y el alcance de esa frase.
Hacía unos meses, a los 22 años, había comenzado la práctica en la Suramericana de Seguros. Un trabajo retador. Creo que nunca en mis estudios de ingeniero había hecho lo que me tocó hacer: “gerente” de presentaciones en power point, técnico del proyector de la empresa, artesano de informes llenos de “semáforos”, apoyo (en ese momento de aprendizaje mi rol era más de “hacer barra”) para proyectos de adquisiciones, talento humano, procesos, etcétera. Sin embargo, de ahí no salió mi mayor enseñanza ni los mejores recuerdos que marcaron mi corto paso por la empresa.
Imaginen que acababa de llegar de un viaje de mochilero por toda Suramérica. Un viaje que incidió profundamente en mi vida. Al principio, el aterrizaje en una empresa me aburrió un poco. Las normas, la corbata y el horario eran duros luego de haber acampado por el Sur a cielo abierto, caminar por las montañas, ver largas horas el mar y hablar con personas en decenas de ciudades. Pero como sucede con los amores más grandes, me fui enamorando de mi empleador gracias a detalles significativos.
Una tarde de agosto nos llevaron a un grupo de empleados a la Casa Amarilla, sede de Nuestra Gente, en el barrio Santa Cruz. Paseo en Metro para conocer una gestión cultural apoyada por la empresa. ¿La cultura como antídoto para la violencia?
Otro día, lo recuerdo bien, me sorprendió ver el lobby del edificio convertirse en museo para una exposición de un artista internacional que nunca había estado en Colombia. Fue mi primer museo con obras del mundo. ¿Las empresas difundiendo arte?
Luego, cuando llegaron las elecciones para la Alcaldía nos citaron a todos los empleados a escuchar a cada uno de los candidatos en el teatro. Querían que decidiéramos con la mayor información posible. ¿Una empresa promoviendo ciudadanía?
Otra tarde nos invitaron a todos al lanzamiento de Dividendo por Colombia, una iniciativa en la que si los empleados donaban a una causa social, las empresas multiplicaban por dos ese aporte. Sura fue fundadora y yo aporté el 5% de mi salario para la primera infancia. ¿Una empresa promoviendo la solidaridad?
Al final de mi práctica, me llamó mi jefe y me dijo que la Vicepresidenta Financiera quería hablar conmigo porque habían propuesto mi nombre para participar en un curso en Estados Unidos. Hablé con ella y me notificó que tendría la oportunidad de ir a un congreso y unas reuniones a Atlanta. Hasta hubo que pedir el favor a la embajada para que me dieran la visa con más agilidad. ¿Formar a un joven sin saber si se iba a quedar?
Luego de un año de trabajo me retiré a buscar otros caminos. Pero nunca olvidé esa organización que me mostró que las buenas empresas no son solo negocios, sino también instituciones clave en la sociedad. La que me tocó a mí fue un accidente de la vida, sin embargo, en Antioquia, lo dice el Dow Jones, tenemos la mayor densidad de empresas sostenibles del país y una de las mayores del continente. Al salir a la calle se ve que la responsabilidad social comienza en las empresas más pequeñas de barrios y veredas. Es allí donde apenas hay un asomo de prosperidad, buscan casa para sus trabajadores, formalizan los empleos, le ayudan a la vecina, hacen la fiesta de Navidad de la acción comunal.
En el mundo, según el Foro Económico Mundial, tres de cada cuatro trabajadores no están felices en su trabajo. Esa es una desgracia moderna que debemos corregir. Serán muchas las causas, pero diré una que nos compromete en Comfama: la gente sueña trabajar en empresas admirables, que tengan un propósito superior, donde además de ganar dinero, se deje una huella. No importa el tamaño de la empresa ni su naturaleza. Importa la calidad de sus líderes, los valores que la guían y las ideas que persigue.
En Comfama sabemos que las empresas pueden aportar desde sus productos, políticas de talento humano, las relaciones con sus proveedores y la buena vecindad. En la Caja estamos apasionados por el capitalismo consciente, lo promovemos, les queremos ayudar a nuestros empleadores a ser más responsables y tener el mejor talento humano. Por eso escogimos dedicar nuestra edición de este mes a algunos de estos casos, de muchísimos que encontramos cada día.
Queremos invitar a la emulación, la admiración, la multiplicación de iniciativas como las que compartimos. Además, planteamos un compromiso: Comfama será el mejor aliado de esas empresas que quieran contribuir a que Antioquia sea más productiva y feliz.
Conoce las empresas de Antioquia que están cambiando el mundo, protagonistas de esta edición de el informador:
- El poder de trabajar en equipo – Banacol y Corbanacol.
- Alexandra: hija de Ana, hija de Eafit… la profesional de la familia – Universidad Eafit.
- Capitalismo consciente: hacerlo bien, hacerlo mejor – Haceb.
- “Queríamos conquistar el mundo, ahora vamos por el universo” – Nutresa.
- A pedal por un futuro más verde – Argos.
Hago parte de una empresa socialmente conciente:
Laboro en la empresa PREBEL. S.A , Soy Operaria de Joyería, y deseo empezar por el ligo del uniforme que usamos, es un corazón rojo y dicta : Soy Prebel de Corazón, y en decir verdad nos hemos apropiado de dicho logo, ya que todo lo hacemos con Pasión y Corazón, eso debido a que la empresa maneja una cultura de calidad humana que vale la pena transmitirla a otras empresas,es como nuestro segundo hogar, no somos simples trabajadores o maquinas donde solo se les da ordenes y trabajo que para eso nos paga, no señores nos ven como personas Humanas con sueños y anhelos, tristezas y alegrías.
cuando una persona desea renunciar, no lo piensa una vez, ni dos veces, si no tres veces; porque? porque es conciente de que no va encontrar una empresa igual, y no me refiero al sueldo, no señores, me refiero a su calidad humana, a su cultura.
Nos capacitan, nos motivan a innovar, su liderazgo es eficaz, nos ayudan en nuestras crisis emocionales y económicas, y como si fuera poco haya no despiden así porque así, solo casos excepcionales de gran quebrantamiento de las reglas empresariales, es mas si usted no puede con su puesto de trabajo actual, tranquilícese, le buscan otro, y así sucesivamente hasta que lo re ubiquen en su perfil, cosa que no puede experimentar en algunos de mis empleos anteriores, ya que si usted no daba la talla, para afuera iba. bueno y usted pensara… creo que son bastante alcahuetas jaja, no señores no lo crean solo son PREBEL DE CORAZON.
David Escobar un guerrero de la paz.
Hola buenas noches
Soy sorda