Rigoberto Reyes tiene 23 años, estudió tecnología en Gestión administrativa y financiera. Cuando finalizó, tuvo el mundo entero para buscar esa oportunidad laboral en la que pudiera aplicar todo eso en lo que ya era experto.
Urabá, su tierra, una región en constante desarrollo, era esa primera posibilidad. También Medellín, ciudad de puertas abiertas. Él, sin embargo, descartó esas opciones y tomó la mejor decisión de su vida: manejar la finca platanera de su padre, Eider Reyes, en la vereda Puerto Escondido en Turbo.

Si algo agradece Rigo a la vida, es tener un padre como Eider. “Gracias a él yo he salido adelante y no tuve que pasar necesidades”. Hace cuatro años trabajan juntos. Eider espera que su hijo siga valorando el esfuerzo que él hizo por sacarlo adelante y sueña con que crezca junto con su empresa para brindarle un futuro a su familia.
Las razones para trabajar junto a su padre son muchas, pero hay una sensación especial que lo motiva, se trata de ese calor intenso que se experimenta en el estómago cuando se está profundamente agradecido.
(Lee también: En Urabá, Juan David, Zaira y su familia le ponen “alas” al mañana).
De su padre…
Aprendió a ser una persona de bien, a comprometerse con todo lo que emprende, a luchar por lo que quiere, a valorar todas las oportunidades que brinda el universo y a trabajar con pasión por el futuro de la familia.
Sus sacrificios hicieron que él pudiera acudir a las aulas y descubrir el mundo por medio de la educación. Eider no lo pudo hacer, solo cursó hasta séptimo grado. Tenía que caminar 12 kilómetros diarios para llegar a su escuela. Por eso luchó para que su hijo si pudiera hacerlo. Afortunadamente estudiar no significó irse, sino quedarse, comprometido con los sueños familiares.
Rigoberto espera repetir la historia: trabajar, trasnochar y hacer lo posible para que su hijo estudie y sea feliz. Es la mejor forma de replicarlo que su padre le enseñó. Dice que “Uno siempre quiere lo mejor para sus hijos, ellos con el tiempo también lo agradecerán”.
Tal vez por eso es que el escritor francés Jean de la Bruyère decía: “Solo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud”.
“Siempre es un reconocimiento a la otra persona. En el caso de los hijos a los padres demuestra que estos se han sentido queridos y amados y es una manera de afianzar el vínculo con ellos. La gratitud tiene muchos beneficios, como tranquilidad, bienestar y estabilidad emocional y afectiva. Además genera empatía y solidaridad”.
Gloria Montoya, sicóloga en Comfama.
Ir a nuestra sede en el piso siete de la Cámara de Comercio de Urabá en Apartadó. Allí podrás aprender lo necesario para hacer realidad tu empresa.
La buena educación trae estos excelentes resultados. Una familia digna de admirar.