Conflictos de un instante
¿Qué pasaría si aprendiéramos a compartir el pensamiento de nuestros compañeros?, ¿si nos aceptáramos como somos y usáramos nuestras cualidades para trabajar juntos?, ¿qué tal si saldáramos nuestros conflictos con un abrazo? Los niños saben cómo hacerlo sin guardar rencor y con la ilusión de seguir el juego.
Son las 12:00 m., decenas de niños llegan tomados de la mano de sus familiares a la sede Comfama de Aranjuez. Es momento de entrar a clase.
Su profesora, Natalia, tiene más de trece años de experiencia en pedagogía. En la clase de hoy la reconciliación y el perdón estarán presentes. Estas dos acciones se necesitan permanentemente en el aula de un preescolar, pues sus habitantes aún son muy competitivos, quieren ganar, responder de primeros y hacerse notar y eso, por supuesto, desata conflictos.
Las diferencias generan enojo, cuando eso pasa buscan a Natalia para que calme la situación. Ella actúa como mentora, los invita a abrazarse y a decirse palabras bonitas. Pronto, todo vuelve a la normalidad.
“Nos reconciliamos con un abrazo, un beso y prometemos no volverlo a hacer”, dice Emiliano Gómez de 4 años y añade Jerónimo Yepes, de la misma edad: “me siento muy feliz porque uno no le pega a los amiguitos”.
Natalia dice: “las peleas entre niños son muy cortas, en poco tiempo vuelven a estar bien”. Además, asegura que en esos momentos de reconciliación, los niños sienten paz y tranquilidad. María Ortiz, de 4 años, lo confirma: “nos sentimos felices por no pelear”. Esa sensación positiva mejora su proceso de aprendizaje y aumenta su productividad en el aula.
Perdonar al monstruo

El Guayacán Rojo es el nombre de un proyecto que se realiza con niños y jóvenes para invitarlos a viajar a su interior, buscando sus vacíos y monstruos para resignificarlos y perdonarlos.
El viaje está dirigido por Jacinto, un personaje de ficción que trabaja por su felicidad. Lo acompañan cada uno de los participantes, quienes durante las estaciones de la historia empiezan a ganar confianza, a cuestionarse y a encontrar respuestas a preguntas que los llevan a identificar las pérdidas de su vida y los aspectos incómodos, pero también las cualidades internas que les permitirán llegar al perdón.
Manuela Henao, estudiante del grado octavo de la Institución Educativa Baltazar Salazar en el municipio de Rionegro, da una lección de cómo aprovechar la posibilidad de mirarse a sí mismo. “Pude encontrar muchas cosas que no sabía que poseía: mis monstruos, mis complejos y mis vacíos. Me di cuenta de que no tenía muchos, pero sí uno muy grande: yo pensaba que no podía, que no era capaz, que no era posible, no me quería a mí misma. El taller me enseñó que para llenar vacíos la primera que se tiene que dar amor y confianza soy yo”.
La serie de talleres que se realizaron en Rionegro como parte del proyecto Guayacán Rojo dejó hallazgos interesantes sobre las situaciones por saldar que aquejan a niños y jóvenes. La reflexión nos señala esa realidad que a veces disfrazamos con racionalidad cuando olvidamos que los más importante y urgente es ser.