Marcela vio cómo la pandemia ponía en duda su propósito de abrir Café Fundación, sin embargo, optó por intentarlo porque cree que la vida debe seguir. Una historia de cómo emprender en días de COVID-19.
Encontrarnos con alguien a quien no vemos hace mucho tiempo. Un abrazo con ganas, quiebra huesos. Un beso en la mejilla, esa cercanía que dice «te quiero», que emociona, que activa la producción de glóbulos blancos y fortalece nuestro sistema inmunitario. Besar a las amigas, a los tíos, a los primos, a los compañeros, a las vecinas, a la abuela.
Sentarse en un café a charlar, a contar historias, a reír a carcajadas. Darse besos a la hora de las onces, «tintiar» en la mañana, almorzar los viernes juntos y allí también besarse: en la mejilla, en la boca, en las manos.
¿Cómo hacerlo ahora cuando dos metros de distancia nos separan y llevamos la boca cubierta?, ¿qué hacer si un trapo nos oculta la sonrisa y estruja las historias? No dejar de besar, ni de abrazar, ni de querer: hacerlo con la mirada.
La vida continúa: en el trabajo, en la calle, en el barrio; con el tapabocas puesto sobre nariz y boca, como guardameta, como muro de contención, como garantía de que, más adelante, besaremos de nuevo como siempre lo supimos hacer: con ganas, con emoción… cerquita.
Esas miradas
Usar el tapabocas ha sido garantía para que Marcela Díaz pueda continuar uno de esos propósitos que la levanta de la cama todos los días: cuidar a los perros y gatos que necesitan cobijo, una mano amiga que los salve de la calle.
Días antes de que iniciara la pandemia, Orca, la fundación que ella preside, tenía un objetivo próximo, la apertura del Café Fundación, un escondite para que cualquiera pueda trabajar lejos de la rutina y sacar a pasear a los perros que hacen de anfitriones, no sin olvidar acariciar los gatos que también demandan mimos.
Los primeros días de la cuarentena obligatoria la llenaron de dudas, el panorama para restaurantes y cafés era desalentador, más para un proyecto que nacería y tendría que darse a conocer y construir su clientela. ¿Emprender o no emprender?, ¿esperar?, ¿y si esto no pasa?, ¿y si no podemos volver a salir a la calle?, ¿y si me equivoco?, eran algunas de las preguntas. Ella debía elegir un camino.
Lo meditó, lo conversó con humanos y animales, recordó que en la historia de Orca nunca nada ha sido seguro y que siempre han caminado en medio de la incertidumbre. Creyó en el sí. Por eso Café Fundación nació en cuarentena y es que, aunque usemos tapabocas, nos lavemos las manos durante cuarenta segundos cada tres horas y mantengamos una distancia física de dos metros con los demás, la vida sigue.
Desde entonces, las bocas se han tapado pero no lo que comunican las miradas de quienes llegan al café, con amor, a pasear a Luca, Roma y Berto, o de quienes salen de allí con un nuevo miembro de la familia, quizá una gata carey que fue encontrada en las calles o un perro anciano rescatado de un amo maltratador.
Miradas de quienes asisten como voluntarios a ayudar en la causa y se llenan de lágrimas al encontrar un propósito. Miradas que se cruzan con las de los animales que, sinceras, dejan ver que todo estará bien. Las miradas de Marcela y sus cómplices, enmarcadas con tapabocas, que con esperanza decidieron continuar.
Miradas que dicen gracias, que reconfortan, que abrazan… aprendimos a besar con la mirada, también a ver que, aunque todo cambió, cada uno de nuestros actos se convierte en esperanza.
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Elijo vivir… para, aun con tapabocas, agradecer, reconfortar y abrazar con la mirada
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¿Has notado que tus ojos te delatan cuando sonríes debajo del tapabocas?
Las ilustraciones de esta edición de la revista Comfama hacen parte de S.O.S Creativirus, una convocatoria realizada por Universo Centro para que los artistas pudieran expresarse en época de aislamiento.