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¿Podemos aprender a confiar?
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¿Podemos aprender a confiar?

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¿Qué papel juega la confianza en la construcción de relaciones?

La confianza es un elemento fundamental de la vida social, se ha dicho que es el pegante de la sociedad. Es un primer paso para entrar en una relación, pues tiene que ver con la habilidad cognitiva que tenemos de predecir el comportamiento del otro y de presentarnos vulnerables frente a él o ella, es decir, de ponerme en sus manos. Esto me lleva a entender al otro no como un competidor y un enemigo, sino como un posible cooperador.

¿La confianza genera bienestar?

Lo dicen los datos: sociedades que confían más  tienen mejor desempeño económico, político y social, son sociedades donde hay más niveles de felicidad, seguridad, los problemas de salud mental son menores y el bienestar es algo palpable en la vida cotidiana. La confianza es el motor de cualquier ejercicio de prosperidad en la vida, por eso debemos procurar ambientes y climas organizacionales que fomenten la confianza, ejerciten la empatía y el desarrollo de interacciones sanas.

“Abrir nuestro territorio mental y nuestros círculos de confianza, nos puede dar la oportunidad de enamorarnos, encontrarnos y conocer las historias de otros”. Andrés Casas, científico comportamental.

¿Cómo está la confianza en Colombia?

Los colombianos somos una sociedad especialmente desconfiada. Si le preguntas a la gente ¿confiarías en una persona que conoces por primera vez? —medida subjetiva e internacional de confianza—, encontramos que el 95% de la gente dice que no. Aunque hemos visto que este índice varía cuando le pones otros filtros, por ejemplo, cuando le preguntamos a la gente ¿en quién confías?, el 90% de los encuestados responden que en sus familias, es decir, la gente cierra su confianza a su círculo inmediato, entonces entre más pequeño el círculo más confianza, y a mayor distancia social, menor confianza.

¿Qué consecuencia tiene que confiemos principalmente en nuestra familia?

A este fenómeno se le denomina familismo. En las regiones uno ve que hay formas de familismo que son muy positivas porque crean empresas, desarrollo, resistencia, contención, solidaridad, y son redes muy sanas y nutritivas para el resto de la sociedad pues no son endogámicas sino que florecen como los árboles, interactúan con todo el ecosistema que tienen alrededor y ofrecen hogar a otras personas y sus redes. Pero hay otras formas de familismo que no florecen y que tienden a ser endogámicas, atávicas, es decir, son conservadoras, valoran mucho el pasado y son cerradas incluso a la reproducción biológica y cultural con grupos distintos, esa es la figura del familismo amoral que está más presente en Colombia y cuya persistencia afecta el desarrollo del tejido social.

¿Podemos aprender a confiar?

En cualquier cultura, en cualquier contexto todo ser humano está en capacidad de hacerlo gracias a la plasticidad mental, pero es un delicado baile de experiencia y exposición en donde el otro activa mi confianza y yo me hago vulnerable. Los resultados de esa iteración me refuerzan ese aprendizaje, confirmando si puedo o no confiar. La confianza no es automática, es costosa y frágil, por eso es el recurso menos abundante, pero más valioso para una sociedad, su prosperidad y sostenibilidad. Aumentar la confianza es tal vez el reto más importante de los próximos años para la sociedad colombiana.

La Encuesta Mundial de Valores es una red de científicos que busca entender cómo los valores cambian e impactan la vida social y política de los países. La encuesta se aplica desde 1981 y este año se publicarán los resultados de la séptima medición.

Y tú, ¿a quién le entregas tu confianza?

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