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Cartas que traducen silencios en letras
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Cartas que traducen silencios en letras

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El oficio de hacer cartas

Por: Carolina Calle

Hace cinco años advertí que me alquilaba para amar. Que zafaba nudos de la garganta, que traducía silencios, que escribía cartas de amor por encargo, que esto era—simplemente— periodismo al servicio del amor.

Siempre pensé que, aunque la gente supiera leer y escribir, en ciertas circunstancias necesitaba a alguien que le susurrara las palabras precisas para expresar eso que no sabía cómo decir. Requerían a un oyente que le aflojara esos enredos del pensamiento, un narrador que les diera una mano para escribir una carta, un interlocutor que les ayudara a encontrar su verdad. Y para eso estaba un periodista: para traducir los silencios en letras, interiorizar la voz de la fuente, comprender el contexto, interpretar la realidad, reconstruir hechos e inmortalizar la memoria del corazón.

Escribir cartas por encargo me ha traído situaciones divertidas, otras complejas. He cumplido la función de escribir como si fuera otra persona, imitar su escritura. Aclarar enredos, extraer palabras. La idea es ser un remitente oculto, que ningún destinatario me reconozca.

Desde que publiqué la primera carta en el blog cartasalacarta.wordpress.com comencé a recibir visitas de 35 países diferentes de los cinco continentes. Me han desbordado cientos de solicitudes porque resultó que el amor no era la única ocasión. La mayoría necesitaba una carta por encargo para resolver un asunto que había quedado pendiente: ofrecer disculpas, buscar una negociación, otorgar un perdón, hacer una confesión, cerrar un ciclo, reconocer un error, dar una explicación, propiciar un reencuentro, retomar una relación. Si bien la carta en sí misma no es la solución, sí es el comienzo, tal vez es el primer paso para restablecer la comunicación con alguien, mediar un conflicto, catalizar un proceso o solucionar una situación en crisis.

Y es que cada vez que enviamos una carta hacemos historia. La carta es un documento que se convierte en patrimonio de nuestra memoria. Una carta es el regalo más duradero. No tiene fecha de vencimiento y mientras pasa el tiempo y la hoja se colorea de amarillo añejo, más peso tiene para el recuerdo. Es el regalo más genuino que podemos darle a alguien. Además es portátil y, sin duda, el más barato. Y a diferencia de un mensaje de texto a través del celular, de un chat, de un correo electrónico, una carta escrita con puño y letra tiene poder y vigencia. No se va a perder en bandejas de entrada ni en el muro del Facebook. El destino de una carta casi nunca será la caneca. Siempre habrá un lugar en la habitación para una carta.

 

Carta de una mujer cambiante
Por: Carolina Calle

 

Esta carta la escribí por encargo de una mujer que cambia de parecer según la hora y de ánimo según el clima. Cansona como muchas, voluble como la mayoría, pero honesta como pocas. Estas palabras salen con algo de bochorno para ese novio estable y con sol propio, al que le agradece por tanta luz y por tanto aguante en temporadas de frío.

Perdona mis altibajos tan constantes, mis emociones que fluctúan, mis decisiones de última hora, mis contradicciones de primera mano, mis besos esquivos, mis caricias quietas, mi silencio prolongado. Pasa que a veces estalla un aguacero en mi pecho que me hace llover y tronar de vacío. Que me revuelca la vida, me hiela el espíritu, me emparama las mejillas, me atraganta de sollozos, me parte en pedacitos y —lo peor— me aleja de ti.

Pero también sucede el cliché, que llega la calma, que las nubes pasan de largo y todo se despeja. Y justo ahí caigo en la cuenta del milagro: eres techo, columna o esqueleto. Eres asidero, escampadero, vividero.

De lo que tengo, eres quizás lo verdadero, eso que me queda, que me agarra, que me salva incluso de mí misma. Por eso, gracias por la
espera, por tu paciencia, por tu presencia que sigue siendo infinita…

La expresión “tomar cartas en el asunto” invita a hacer algo
por eso que no nos deja en paz. Muchas de esas cosas que no
se hablan, se guardan y se transforman en más distancia, rencor,
impotencia y frustración. ¡Toma cartas en ese asunto que tienes
pendiente y libera eso que quieres transmitir!

 

(Lee en Revista Comfama: Letras para la historia).

 

Más audiocartas:

 

Regresa: ¡A leer en voz alta!

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