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Lo bonito de la vida a cualquier edad
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Lo bonito de la vida a cualquier edad

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La pensión es para María Cecilia Ramírez un proyecto de vida, un tiempo para atreverse a hacer cosas que antes no se hacían, la posibilidad de aprender, por fin, a usar el correo electrónico y el chat de su smartphone; de comprender que hello es hola en inglés; de cocinar ese arroz especial al que siempre le quedaba faltando algo; de bailar como un trompo sin importarle que la estén mirando. Se siente orgullosa de sus capacidades y de lo aprendido. Sabe que son logros. No conoce las limitaciones, sí la determinación.

San Antonio de Prado la recibió hace dos décadas. Llegaba de días grises que quiso dejar atrás. Nunca es fácil despedir a un hijo para siempre. No se olvida, pero sí es posible levantarse y seguir. En ese nuevo comienzo la acompañó Humberto, su hermano y compañero permanente desde entonces.

Entre ambos hay un pacto, algo así como un “trueque” de favores: mientras María Cecilia va a las clases de informática en Comfama, él se encarga de la tienda que tienen en la casa. Después, ella debe enseñarle a usar la tablet y recibirle su turno en el negocio. Es un trato transparente y justo: cada uno aporta, los dos ganan.

María Cecilia no solo aprendió de computadores, también supo que nunca es tarde para superarse.

“Estudié informática por gusto, porque quería superarme. Así lo hice con los otros cursos. Ahora quiero sistematizar el negocio. Veo que lo podemos organizar mejor”, cuenta María Cecilia, sin quitar la mirada de la pantalla del computador. Está escribiéndole a un sobrino que tiene en Brasil. El teclado, uno de sus mayores retos, ya lo maneja mejor. No puede evitar reírse cuando cuenta: “Siempre le tenía que decir al profesor que me esperara porque era de las más lentas en los dictados, pero gracias a eso aprendí a tener mejor puntuación y ortografía”.

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Paso a paso ha ido explorando sus talentos, trabajando por sus propósitos. Fue hace cuatro años cuando se jubiló. Empezó primero con cocina, luego, baile, después, inglés y ahora informática y servicios en la nube. Se siente apoyada, segura y muy satisfecha. Habla con su nieta todos los días –es el regalo que le dejó su hijo–. A ella le cuenta lo que ha logrado y los proyectos que tiene con la tienda, lo que quiere seguir estudiando. El tiempo gris tomó un color más vivo. Quedan los recuerdos en el corazón y los nuevos aprendizajes que le dan esperanza en el futuro y confianza en el presente que vive a diario.

Gracias a sus clases de informática mejoró su ortografía y puntuación.

 

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