Juliana nunca se sintió intimidada ni inferior a sus pares por ser mujer, esto solo la motivó para convertirse en una líder empresarial y ambiental. Una historia acerca de cómo en vez de pensar en las diferencias de género, es mejor sumar sus capacidades para cumplir grandes objetivos.
Juliana Gutiérrez Rúa tiene 35 años y un hijo inmaterial llamado Low Carbon City. Vive Medellín, Disfruta la pintura china, la práctica del taichí, la música, cantar y se considera una ciclista urbana. Ama recorrer su ciudad. Siempre tuvo trabajos que implicaban caminar por la ciudad, sus barrios y sus calles. Así se interesó mucho por el tema ambiental y pronto notó que el discurso de desarrollo que se predicaba en su entorno no era coherente con el cuidado del medio ambiente y sus recursos.
Esa crítica la llevó a querer conocer más del medio ambiente, por lo que inició una maestría en estudios ambientales del Instituto Internacional de Formación Ambiental (IIFA) en Madrid y, luego, estudió una maestría en Ciudades y Cambio climático en la Universidad de Corea. Ese interés genuino primero la llevó a la academia, luego al activismo, después se convirtió en emprendedora social y por último comenzó a formular soluciones desde el sector privado al público y la academia, y así terminó fundando Low Carbon City.
Creó esta organización en 2015 con un grupo de amigos de la academia, conscientes de que las ciudades y sus ciudadanos deben hacer parte del cambio climático, «ya que, si las ciudades generan el 70% de las emisiones, deben, asimismo, generar el 70% de las soluciones», asegura. Con Low Carbon City buscan crear soluciones colectivas para abordar el cambio climático. Ella es la cara visible, pero sabe que hace parte de una organización conformada por más de 600 colaboradores en más de 120 ciudades que se unen bajo el mismo propósito, «¡queremos que cada persona del mundo sea parte de la solución!», concluye.
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Nunca se preocupó por ser mujer, aunque sí considera que serlo significó un poco más de obstáculos en su carrera, a veces se sentía menospreciada o simplemente subvalorada, pero no le importó, solo se motivaba más para cumplir sus metas.
De hecho, su mayor dificultad la encontró, recién, en 2020, siendo líder de Low Carbon City. Asegura que este año ha sido muy difícil por todas las complejidades que ha puesto sobre la mesa la pandemia. Ser líder la llevó a hacerse preguntas difíciles como ¿le voy a dar prioridad a mi empresa o a mi familia?, ¿a mis trabajadores, a las familias que dependen de nosotros o a mi propio bienestar? Y ¿qué pasa cuando eres líder?, todos te buscan para que los guíes, para apoyarse en ti, pero ¿y tú?, ¿en quién te apoyas?, ¿quién te escucha?, o ¿quién te dice qué hacer? se sintió frágil, vulnerable, empezó a dudar de sí misma.
Decidió aceptar su vulnerabilidad y reconocer que es una mujer capaz de pedir ayuda y consejos con el objetivo de tomar buenas decisiones. Juliana aprendió que ser mujer no debe ser una barrera y que en lugar de buscar discusiones que separan a los géneros por sus «cualidades naturales», es mejor buscar qué los une, qué los integra y entender que cuando se complementan hombres y mujeres, todos somos más fuertes.