Laura
Era 22 de octubre del año 2002. Laura tenía 22 años el día que asesinaron a su papá. Lo recuerda como el sol, con una fuerza sobrenatural, “la única forma de apagarlo era matándolo”.
Un dolor visceral, una rabia irracional y las ganas de dejarlo todo la llevaron a mudarse a Australia para estudiar cine. Nunca imaginó que el hecho más doloroso de su vida se convertiría en la inspiración de su última película.
Una noche, entre sueños, en un mirador de Medellín, Laura conversó con el asesino de su padre. Le dijo: “Yo me llamo Jesús y maté a su papá”. Ese fue el impulso para empezar a escribir textos íntimos en los que hablaba con el supuesto sicario.
Esas conversaciones fueron la inspiración para un guion que se tardó más de 10 años en realizarse. Matar a Jesús es el nombre de su película que conserva el dolor, el reclamo a la justicia y muchos episodios familiares. Es una ficción y una carta de amor a su padre.
Para ella el cine ha transformado el dolor. Dice que es normal sentir ganas de vengarse, pero lo que realmente importa es tener las herramientas para decidir entre matar o no matar. Laura se siente incapaz de perdonar el asesinato de su papá, aún no quiere hacerlo, pero sabe que nunca cometería un acto de violencia en nombre de la venganza o el dolor.
Matar a Jesús de Laura Mora se estrenó en el año 2017 y ha ganado más de 14 premios de festivales en todo el mundo.
Pablo
El 22 de octubre de 2002 es una fecha que Pablo Mora no olvidará. Tenía 26 años cuando un sicario mató a su papá. “El asesinato de mi padre no es un asunto personal, no es un relato excepcional … es una historia ordinaria y una noticia cotidiana en este contexto”. De los culpables poco se sabe, solo quedó un silencio doloroso que, 16 años después, él libera a través del arte.
Sentimientos de impotencia, preguntas sin respuestas y la responsabilidad de ocuparse de los asuntos de su padre. ¿Cómo superar la rabia con la sociedad? Con la verdad. Aquella que se le negó y que todavía espera. La investigación del asesinato de su papá está próxima a ser archivada como tantos casos no resueltos de Medellín.

22 de octubre es el nombre que le dio a la obra que hizo para conmemorar la tragedia de esa fecha, no solo la de la muerte de su héroe, también la de otras decenas de personas a quienes les arrebataron la vida. Se trata de un acto de catarsis y una historia de resistencia contra el olvido del sistema judicial colombiano. Cada bulto de papeles, carpetas amarillentas y hojas de máquina de escribir, representan a las víctimas que, como su padre, quedaron archivadas en un cajón.
El arte le permitió a Pablo Mora perdonar y reconciliarse con la vida. No con el autor intelectual del asesinato, porque cree que eso solo es posible cuando hay a quién responsabilizar, pero reconoce que quien haya sido el autor material seguramente es una víctima más de las estructuras ilegales.
Pablo hace arte en honor a la memoria, en su vida nunca existieron las ganas de vengarse, en cambio estuvo la resistencia, no para ajusticiar, sino para tener el coraje de vivir como un tributo al legado de su padre.
“Devolver odio por odio multiplica el odio, añade una oscuridad más profunda a una noche ya desprovista de estrellas. La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso”.
Martin Luther King.