La cuarentena confirmó la importancia de los servicios varios. Sus empleadores entendieron que velar por ellos es cuidar su círculo cercano.
Hace más de cinco años murió Eduardo Galeano en Montevideo, Uruguay. Al periodista y escritor, autor de libros como Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memoria del fuego (1986), se le atribuye haber dicho alguna vez que “la solidaridad es horizontal y se ejerce de igual a igual” esa frase se ajusta a lo que quizá hoy necesitamos en nuestro nuevo contexto.
Para enfrentar la crisis por la pandemia de la covid-19 hay decisiones basadas en la empatía que hacen la diferencia. Es el caso de los empleadores que no abandonaron a sus empleados domésticos y que, según sus posibilidades, propiciaron bienestar para aquellas personas con las que se entrelazan sentimientos de afecto y amistad, más allá de su rol como trabajadores.
Margarita Restrepo permanece en casa con sus gatos. Menos los martes y viernes, cuando Nury llega para trabajar. El día comienza con el desayuno, momento en el que las dos pueden hablar de sus vidas, de lo que pasa en el mundo o de lo que vieron por internet. Conversaciones que se extienden mientras el almuerzo queda listo, los baños impecables, el polvo desaparece y la ropa se seca en la ventana.
Cuando Nury tuvo que quedarse en casa para cuidarse de la covid -19 no solo cambió su rutina semanal que la llevaba a diferentes casas y oficinas de Medellín, sino sus ingresos. Una situación, angustiante para todos que impidió que muchos de sus empleadores pudieran seguirle pagando. Contra la corriente Margarita aprendió a realizar giros por internet para que su trabajadora, su confidente de los desayunos, pudiera recibir su pago quincenal y enfrentara así de mejor manera la cuarentena.
Para Margarita fue difícil: asumir en su totalidad las tareas del hogar mientras también enfrentaba la incertidumbre por la pandemia. Si bien siempre había entendido la importancia del trabajo de Nury ahora lo evidenciaba con mayor rigor. La paciencia dio frutos: ambas aprendieron de protocolos de bioseguridad y ahora Nury pudo regresar al trabajo, ese que la dignifica, le abre caminos de oportunidades y la hace feliz.
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Trabajar… para demostrarle al otro que lo valoramos.
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