21 de mayo del 2002
En medio de la calle quedaron dos cuerpos. Eran dos jóvenes, amigos, habitantes del barrio, víctimas del fuego cruzado. Ante la escena, la madre de uno de ellos y los vecinos sacaron trapos blancos y empezaron a agitarlos. Pedían paz. Por un instante la guerra se detuvo.
Santiago Agudelo Arango, más conocido como Doc, un integrante de la escuela de Hip Hop Casa Kolacho, cuenta esa historia de resistencia que sucedió en la operación Mariscal, anterior a la famosa Orión. Fue la demostración, para los habitantes de la comuna 13, al centro occidente de Medellín, de que el cambio y la paz se construyen en comunidad.

Quince años más tarde, esa memoria se atesora y se revive, aunque ha mutado de forma. Ya no son trapos blancos, son pinturas, grafitis y plantas las que en conjunto cumplen la misión de embellecer los recuerdos y servir de punto de partida para el futuro.
Según Santiago, algunos encuentran ese punto de partida en el cementerio La América, el primero en Latinoamérica con murales pintados en sus paredes, un lugar al que turistas han confundido con un parque infantil por sus representaciones llenas de color en homenaje a esos héroes caídos del barrio, esos que fueron los primeros en apostarle a la paz.
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El cementerio también lo habitan Nato, Antonio, Andrés y muchos otros. Son plantas sembradas en botellas de plástico, colgadas en las paredes, que sus familiares riegan religiosamente. Cada una encarna el recuerdo de esos niños, jóvenes y adultos desaparecidos a los que siempre alguien anhela ver regresar.
La iniciativa, llamada Galería Viva, fue liderada por el colectivo Agroarte y por los jóvenes aliados en la comuna 13. Surgió en el 2017 como un espacio de memoria social para el encuentro y la reconstrucción de los recuerdos.

Para Santiago, aunque en el cementerio los rituales y las prácticas de entierro de los muertos siguen siendo las mismas, la forma de recordarlos es diferente. “Tal vez hay más alegría y más vida”, dice.
Sí, en Medellín existe un cementerio diferente, en el que la vida le quita espacio a la muerte, en el que a veces quienes visitan a sus muertos ponen música, en el que las plantas no crecen porque sí, sino porque las riegan, las cuidan y las miman.
Siempre se puede emprender un nuevo camino y siempre es posible embellecer el recuerdo. Como dijo alguna vez Gabriel García Márquez: “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”.

Agroarte, Casa Morada, Son Batá, La 4-13 y Casa Kolacho son algunos de los colectivos que le han apostado a demostrarle a los habitantes de la comuna 13 que existen otros caminos y propósitos para vivir la vida.